Historia del Centro – Iglesia de San Miguel
En pleno casco histórico de Ciutadella, pero fuera del circuito habitual que visitan los turistas, se encuentra la iglesia de Sant Miquel, en la calle del mismo nombre. Antiguamente, hacia el siglo XV, esta vía era conocida también por el nombre de calle de Joan de Pares. Los orígenes de la iglesia de Sant Miquel nos son desconocidos. Una de las capillas del ábside de la iglesia mayor de Santa Maria, hoy catedral, estaba bajo la advocación del arcángel Miquel. En algún momento indeterminado del siglo XV debió de fundarse un pequeño oratorio dedicado a san Miguel en la calle de Joan Parets. Con el tiempo, sería el oratorio el que daría nombre a la vía.
Como la inmensa mayoría de los edificios públicos y privados de Ciutadella, el oratorio de Sant Miquel quedó muy dañado a raíz del ataque turco de 1558. Y tampoco en este caso la reconstrucción fue nada fácil. Tres décadas más tarde, en junio de 1589, la Universidad de Ciutadella trató sobre el estado ruinoso de la capilla, que amenazaba con caer, y determinó crear una obrería para su cuidado, tal y como sucedía con otras iglesias de la villa, si bien todo indica que el acuerdo no se alcanzó a ejecutar. En esta época la iglesia se nutría de pequeñas donaciones de particulares que podemos conocer por los legados testamentarios, en algún caso ordenando la celebración de misas, lo que indica que el oratorio seguía activo. Sin embargo, el estado de la iglesia seguía siendo muy precario y en noviembre de 1605 el obispo de Mallorca, Alonso Lasso de Sedeño, de visita pastoral a nuestra isla, ordenaba la demolición de la capilla dado su mal estado. En cualquier caso, ni la iglesia fue derribada ni se acabó de restaurar completamente -aunque sí se hicieron algunas obras de emergencia en propiedades colindantes- aunque se recibieron legados en este sentido, como el de Rafela Abadia, esposa del procurador fiscal Narcís Codina (1632). La restauración se demoraría todavía varios años, pero finalmente se llevó a cabo entre 1654 y 1666, como se desprende del testamento de Miquel Oléo Gonyalons, que manda que cinco de las cincuenta misas que deben hacerse en sufragio de su alma se celebren en la iglesia de Sant Miquel. Esta expresión, por supuesto, nos confirma que el edificio se había rehecho, quizá casi completamente. Quizás fue en esta época cuando finalmente se creó la obrería, documentada en el año 1698 a raíz de una súplica de los obreros al Consejo General manifestando que el obispo, de visita pastoral, había prohibido que se celebraran los oficios divinos en las iglesias que estaban carentes de los ornamentos necesarios como era, por desgracia, que, por desgracia, de la Miquel que, por desgracia, era necesario. se les diese una limosna para ayudar a su adquisición.
En las primeras décadas del siglo XVIII continuaron las obras gracias al legado del noble Francesc Olives Martorell, fallecido en julio de 1714. Dado que el difunto no había dejado testamento, el vicario general tasó las obras de acuerdo con su nivel de riqueza y su producto fue invertido en la construcción de un segundo tramo de la capilla. la llave de vuelta con los cuarteles de los linajes Olives, Martorell, Cardona y Ametller. Es en esta época cuando quedará terminada la cubierta de crucería doble, ya que las dos llaves de bóveda están fechadas el 14 de octubre de 1720, la más cercana a la entrada, y el 29 de enero de 1724, la del presbiterio. Es posible que en un primer momento no hubiera cubierta de bóveda, sino de vigas.
Durante el siglo XVIII la iglesia de Sant Miquel no pasó por especiales vicisitudes y se debió de celebrar con normalidad la vida litúrgica, nutrida por las limosnas y estantes pies de los fieles y regida por la obrería. En 1782 fue visitada por el obispo de Mallorca Pedro Rubio Benedicto y Herrero, que encontró los adornos dignos y los dejó en manos del obrero Miquel Amorós. Sin embargo, la iglesia de Sant Miquel es escasamente mencionada en las descripciones de Ciutadella. A finales del siglo XIX, por ejemplo, el Archiduque nos deja una brevísima reseña de lo que califica de “minúsculo y modesto” templo de Sant Miquel, aunque destaca la presencia de un gran laurel. A partir de 1893, las monjas de la Consolación, que se acababan de instalar en la calle de ses Andrones, utilizaron como oratorio la iglesia de Sant Miquel. Pero cuando realmente Sant Miquel recibió un nuevo empujón fue a partir de 1920, cuando por iniciativa de mosén Sebastià Juan Sampol de Palós se fundó el Centro Catequístico Sant Miquel en el que los laicos tenían el protagonismo. En este sentido, cabe destacar la figura de Antoni Seguí Sintes (1889-1974), proclamado Hijo Ilustre de Ciutadella por haber entregado su vida y patrimonio en beneficio de los niños y jóvenes de Sant Miquel.
La iglesia de Sant Miquel es de líneas muy sobrias. En la fachada destaca la portalada definida por las dos pilastras lisas rematados por sendos capiteles. Sobre el arquitrabe llama la atención la enmarcada dentro de un arco rebajado. El resto de elementos decorativos son la ventana, las dos gárgolas del ático y el campanario de espadaña que corona la fachada. El interior, de nave de salón dividido en dos tramos, ha quedado muy modificado por las reformas de la segunda mitad del siglo XX, destacando la eliminación de las cerraduras laterales de muro, en el lado del presbiterio, para ampliar el espacio.
Miquel Àngel Casasnovas